Una mañana de noviembre amanece especialmente fría, el banco donde esta posado “Zeus” todavía tiene algo de roció . Cronox el perro de la casa, esta todavía en la caseta hecho un ovillo para mantenerse caliente. Las palomas metidas en sus nidos comienzan a desperezarse para dar su primer vuelo. Ignacio Figaredo el dueño de la casa esta preparándose un café con tostadas.
Zeus es un halcón peregrino nacido en un criadero de Robledo de Chavela. Tiene la espalda muy oscura, el vientre marronuzco como un terrón de tierra y unas garras amarillas, casi anaranjadas gracias a su buena a alimentación. Según dice Ignacio esto es debido a “el secreto es darles pollitos de un día, les pone las patas amarillas, como a los salvajes”. Tiene dos años y esta atravesando una gran época en la que no suele fallar ninguna de las presas que ataca. Cronox es un pointer de color blanco con manchas marrones. Tiene cinco años y no hay cosa más le guste que salir a cazar con su dueño. Las palomas son unas palomas mensajeras, de diferentes procedencias. Unas compradas en Portugal, cerca de Cascais, otras traidas de un pueblo de Asturias y el resto nacidas de la mezcla de las anteriores.
A las diez de la mañana Ignacio sale de casa con un pedacito de paloma. “Le viene bien comer un poco por la mañana cuando van a volar por la tarde”. Se coloca el guante de cuero negro en el brazo izquierdo y se acerca a “Zeus”, que nada más verle cambia su cara y pone ojos de felicidad. Al minuto Zeus esta comiendo en el puño de de su dueño .Cronox mientras tanto esta sentando junto a su amo mirando a su amigo volador, esperando que caiga algún trozo de carne.
Después de darle el trocito de carne Zeus es llevado a uno de los cuartos de la casa donde esta la bascula, que todos los días indica si el pájaro ha ganado algo de peso o sigue en su peso ideal. Novecientos setenta y cinco gramos como casi todos los días. Ignacio nos comenta “si sube hasta el kilo, no le apetece volar y ataca sin ganas”.
Tras hacer un par de recados en el pueblo, Ignacio come con su familia y a las cuatro comienza a preparar todo el equipo para salir al campo. Cronox le vigila, sabiendo que su gran momento esta cerca. Las palomas descansan posadas en el palomar. El coche esta preparado, Zeus en el maletero esta posado en una percha fabricada artesanalmente con tuberías de plástico. Cronox viendo que su dueño se monta en el coche sale corriendo para sentarse en el suelo del asiento del copiloto.
Tras salir de Torrelodones circula diez kilómetros por la carretera de la Coruña y al llegar a Las Rozas, toma la vía de servicio. Cuando llega a la altura de la ITV, gira por un camino de tierra a la derecha y avanza cerca de un kilómetro para llegar hasta el voladero habitual. Es un terreno muy ondulado en el que no hay muchas presas, pero en los últimos días algo ha cambiado, “no se como pero desde hace unas semanas encuentro perdices volando por esta zona, alomejor se han escapado de alguna granja, pero no creo porque vuelan muy fuertes, quiza hayan venido del monte del pardo”.
A las cinco y media Cronox ya pasea cerca del coche, olfateando los rastros de las posibles presas, pero sin perder detalle de lo que Ignacio y Zeus hacen. Diez minutos después Zeus en lo alto del puño otea el horizonte, gira la cabeza primero hacia un lado luego hacia el otro y como si algo le empujase, comienza a aletear.
Va cogiendo altura de una forma vertiginosa, realiza círculos alrededor de su dueño y observando los movimientos de su amigo de cuatro patas, que va a ser quien descubra su cena. Cuando no han pasado ni quince minutos Zeus esta a una altura de mas de cien metros y cinco minutos después como nos dijo Ignacio “a esas alturas hay térmicas de aire caliente que le hacen subir muy rápido” casi no se le ve con los prismáticos.
Ignacio comienza a andar seguido por Cronox que se había despistado siguiendo una lagartija. El andar es despacio tratando de reconocer todo el terreno. En ningún momento levanta la vista, si temer que Zeus decida marcharse a buscarse la vida por su cuenta. “El sabe quien le da de comer, la única forma de que se despiste es que aparezca otro halcón y llevo un tiempo sin ver ninguno por aquí” nos tranquiliza Ignacio al ver nuestra preocupación por el halcón.
Llegados a una pequeña vaguada Cronox comienza a olfatear con más asiduidad y mover el rabo mas rápidamente, indicativos claros de que alguna perdiz anda por la zona. Recorre toda la vaguada sin suerte pero el perro alza la vistas, pareciendo decirle al halcón que no se preocupe que las va encontrar antes o después.
Subiendo un pequeño montículo Cronox se queda parado, Zeus hace lo mismo pero en cielo azul, al grito de Ignacio de “vamos con ellas pequeño” Cronox sale corriendo hacia unas perdices que comían granitos de avena debajo de unas retamas. Al ver al perro las perdices salen volando despavoridas, Zeus que no había sido visto por las patirrojas comienza a descender a una velocidad impresionante, parece que por un momento el tiempo se para y nada se oye, el picado del halcón a mas de 300 kilómetros por hora hace que la distancia a la que estaba la recorra en menos de 10 segundos. Bajando hace tirabuzones sin perder de vista su presa.
Lo siguiente que se oye es un silbido fortísimo que proviene del cielo, el halcón aparece como un obús y choca con la perdiz de una forma brutal. Ignacio expilca “hay dos formas de matar acuchillando y trabando. Lo que acaba de hacer es trabar a la perdiz”. El halcón cae a cien metros de su dueño quien sale corriendo hacia el por si algo sucediese.
Cuando llega Zeus ya hamacado la perdiz y esta empezando a desplumarla. El halconero saca dos muslos de paloma y le cambia la presa por la carne que llevaba en las alforjas. “No es bueno que coma la carne recién muerta y aparte la perdiz es muy dulce, no les gusta mucho” explica Ignacio.
Zeus termina su jornada posado en su banco, con un buche que parece que se ha comido una pelota de tenis y con cara de felicidad por haber hecho su trabajo correctamente. Cronox como si de un guardaespaldas se tratase esta tumbado a su lado.
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