El jabalí es un mamífero de tamaño mediano que posee una cabeza grande y alargada, en la que destacan unos ojos muy pequeños. El cuello es grueso y las patas son muy cortas, lo que acentúa aún más su rechoncho cuerpo, en el que es mayor la altura de los cuartos delanteros que los traseros, a diferencia del cerdo doméstico, que por evolución genética ha desarrollado más la parte posterior de su cuerpo. Las hembras pueden llegar a pesar 100 kilos y los machos 150.
Estos son los rasgos generales de este astuto animal. Mi relación con este primo hermano del cerdo, es de amor-odio. Digo esto porque una de mis grandes aficiones es la caza, en especial las esperas nocturnas, de ahí que nos conozcamos tan bien.
Cuando cumplí 6 años, mi padre me regalo una escopeta de perdigones, casi no podía mantenerla recta, pero algunos gorriones fueron presa de mi puntería. Estos fueron mis comienzos en el mundo de la caza. Fui creciendo y con los 10 llego una escopetilla del 12, con la que las presas aumentaron a palomas, urracas y alguna perdiz. Los años han pasado y ahora que tengo 23, debo decir que la única caza que me llena de verdad es la mayor y en especial la del jabalí.
Hay tres formas de dar caza al jabalí, la primera es la famosa montería, que todo el mundo conoce, la segunda es el rececho, no es la más habitual, pero grandes jabalís se han matado así. Por último esta la espera, que consiste en esconderse en un puesto esperando a que algún jabalí aparezca, los puestos suelen estar colocados en comederos, charcas o bañas querenciosas.
Puede sonar muy fácil, pero les aseguro que no lo es y se lo digo por experiencia, porque a pesar de mi corta edad, muchas han sido las horas que he pasado en el monte.
Todo comienza con la búsqueda de rastros de nuestros amiguitos, si hay jabalís por la zona, sin ninguna duda encontraremos rastros, tierras levantadas, bañas de barro revueltas, conejeras abiertas…Una vez sabemos con seguridad de la presencia de los marranos, debemos escoger un puesto.
De esto dependerá n parte de nuestro éxito. Digo esto porque el aire es el principal aliado del jabalí en sus corretearías nocturnas. Hay que estar completamente seguro hacia donde sopla el aire normalmente, ya que si aireamos el monte, podremos morir del aburrimiento que nunca veremos un jabalí. Una vez elegido el puesto adecuado, lo mejor suele ser en lo alto de un árbol, para que así el aire no nos delate, solo queda esperar a que llegue el atardecer.
Cuando el sol comienza a alargar las sombras de los árboles, es el momento de colocarse en el puesto. Se puede tener suerte y aparecer un jabalí a los quince minutos de habernos colocado, pero no suele ser el caso. En mi caso he llegado a estar, más de ocho horas completamente inmóvil sin hacer el más mínimo ruido y no tener ni rastro de los jabatos. Son animales muy astutos y desconfiados, suelen seguir una misma rutina, pero son completamente impredecibles. Lo normal es que primero entren los jabalís pequeños y a medida que avanza la noche vayan apareciendo los grandes navajeros .
El trofeo del jabalí consiste en sus comillos y amoladeras, a medida que van creciendo en tamaño y edad, los colmillos se van desarrolando, llegando a tener un tamaño capaz de abrir un perro por la mitad.
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